viernes, 27 de mayo de 2011

Pancitos de aceitunas y romero


No es ninguna novedad que, junto con el frío, nos entren ganas de tomar sopa. La novedad es acompañar la sopa con alguna propuesta diferente y entretenida.
Estos pancitos son rápidos, porque no llevan levadura sino que polvos de hornear, y tienen el poder de transformar la más insulsa sopa maggi en una cena chic.
Por supuesto que también se pueden servir como aperitivo, tibios, untados en pasta de merkén (y para esto recomiendo la que me enseñó mi padre: con aceite, ajo picadito, sal y una cucharadita de miel), o acompañando una carne asada con ensalada.


Ingredientes (para unos 10 pancitos del tamaño de un muffin):
- 1 1/3 taza de harina sin polvos de hornear
- 1 1/2 cda. de polvos de hornear
- 250 grs. de queso, picado o rallado grueso
- 1 cda. de romero fresco picadito
- sal, pimienta
- 3 huevos
- 1/4 taza de leche
- 1/2 taza de aceite de oliva
- 80 gr. de aceitunas negras deshuesadas y picadas gruesas

Preparación:
Precalentar el horno a 180º (medio-bajo).
En un bol, mezclar la harina, polvos de hornear, sal, pimienta, romero y queso. En otro bol, batir los huevos, la leche, aceite de oliva y las aceitunas. Unir los húmedos a los secos, revolviendo con una cuchara de palo.
Disponer moldecitos individuales o un molde rectangular, enmantequillado. Hornear durante 25 minutos, tratando de que no se sequen demasiado.
El ideal es servirlos tibios, cuando el queso en su inerior todavía está derretido. Delicioso.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Barquillos


El otro día estaba viendo el programa de Nigella Lawson, donde ella hablaba sobre lo fácil que es sentirse disfrutando de un día de verano incluso cuando hacen grados bajo cero. Solo basta con unas frambuesas, duraznos o tomates frescos con albahaca y voilà. Discrepo completamente. Nada me puede dar más depresión que unas frambuesas descongeladas, aguadas y desabridas, unos duraznos que han viajado miles de kilómetros asfixiados en cajas o un ramo cheuto de albahaca coronando un tomate harinoso y paliducho.
Sin embargo, esta receta debo reconocer que me transportó a mis tardes veraniegas de la infancia, cuando, después de un refrescante (congelado) baño en el mar, haciendo "escalopa" en la arena caliente, se escuchaba al manicero gritando "maní, barquillo, cuchuflí".
Lo que redime a esta preparación, a diferencia de las desestacionadas creaciones de Nigella (no me malinterpreten, me encanta ella), es que el frío otoñal es perfecto para saborear cualquier tipo de cosilla dulce. Si lleva azúcar y se prepara en el horno, es otoñal. Lo único que varía es que en vez de disfrutar de estos barquillos con un toque de arena, lo haces en un plato, junto a un buen café. Delicioso.
Se lo que pensarás: "¡oh!, hacer estos barquillos debe ser muy difícil". Bueno, un poco. Los primeros dos no me salieron para nada, el tercero y el cuarto más o menos, pero ya al quinto habia dominado la técnica perfectamente. Solo es cuestión de tirarse a la piscina. Además, si te digo cómo lo hice, no cometerás los mismos errores que yo. Charán.



Ingredientes (para unos 10 barquillos):
2 claras
100 g de azúcar flor (en polvo, glas, impalpable)
50 g de harina
50 g de mantequilla (y algo más para enmantequillar las latas)
3 gotas de vainilla

Preparación:
Comenzar por precalentar el horno a 180º (medio-bajo).
Mezclar el azúcar con las claras de huevo y batir hasta formar una pasta homogénea y algo espumosa. Se le agrega la harina, la mantequilla derretida y las gotitas de vainilla. Esta operación toma, realmente, 5 minutos. Cuando tengas la masa lista pensarás "vaya, esta es como una taza de masa, no me alcanzará para 10 barquillos". Tranqui. Alcanzará.
Ahora viene la parte en la que debes dejar tu mente en blanco y solo pensar "soy una eficiente máquina de hacer barquillos".
Dispón cuatro latas de esas que se usan para hacer torta de panqueques. Si no las tienes, la lata del horno servirá igual. Enmantequíllalas y pon una cucharada de masa, que procederás a aplanar en círculos con el dorso de la misma cuchara o con una espátula. Debe quedar una delgadísima capa. Si la capa queda gruesa, será más difícil que se doren y no se producirá el efecto crocante que buscamos. A mi me pasó con los primeros, lo puedes ver en las fotos.


Luego, pon las latas en el horno, de a dos, y por favor no te vayas a ninguna parte. Los barquillos demoran en el horno algo así como 5 minutos en estar listos. Por mientras puedes enmantequillar y poner la mezcla en las otras dos latas.
Cuando la masa se vea dorada es cuando debes sacarla del horno y rápidamente, con un cuchillo largo y afilado, despegar la masa de la lata (cosa que para tu sorpresa ocurrirá fácilmente) y enrollar el barquillo con la ayuda de un lápiz. Apenas se enfríe quedará crocante.
Son perfectos para servirlos después del postre, junto con el café, dentro de algún bonito vaso o florero, o amarrados con una cinta, como las tortas de cuchuflís de los cumpleaños infantiles de mamás poco duchas en pastelería.

domingo, 22 de mayo de 2011

Cupcakes de vainilla

Hace algo de frío acá en Santiago. Llevé a mis hijos a la plaza un rato, para que no estuvieran viendo televisión todo el día. Agotada, como cada domingo en la tarde, me propongo empezar con la ardua y tediosa tarea de preparar las cosas para la semana: loncheras, tareas, mochilas, bolsos de gimnasia, lista de compras (sí, soy de las que compra los días lunes, por el 5% de descuento), bidón de parafina, etc.
En piloto automático firmo pruebas, guardo juguetes y trato de juntar pares de calcetines donde todos parecen estar huachos.
El otoño tiene esa cosa nostálgica que nos hace disfrutar de estar en la casa después de haber salido, aunque sea por un momento. En otoño disfrutamos más de hacer estas cosas, que en primavera no hacemos con tanta vehemencia.
Luego de sentir que llevo una eternidad pareando calcetines y siendo una buena madre, siento que puedo ser aún mejor si preparo algo rico para la colación, que sea sano (aunque tenga toneladas de mantequilla, pero al menos no lleva nada con nombres espantosos como maltodextrina, goma xanthrana, clorfenamina o qué sé yo) y que provoque en mí la fantasía de que mis hijos son la envidia de sus compañeros por llevar las colaciones más cool.
Reanimada, me siento con ganas de hacer algo nuevo, rico y algo chinchoso, tal vez vintage, con aires de Hello Kitty: cupcakes de vainilla. Un simple queque con una cubierta fantoche y desenfadada, con un nombre muy pretencioso, que suena a pastelería neoyorkina. Cupcake. Solo decirlo me hace sentir una pastelera prfesional.



Ingredientes, para unos 10 cupcakes grandecitos:
- 1 taza de azúcar
- 120 gr. de mantequilla
- 1 1/2 tazas de harina con polvos de hornear
- 2 huevos
1/2 taza de leche
- 1 cdta. de vainilla (ojalá extracto, no escencia)

Para la cobertura:
- 120 gr. de mantequilla
- 400 gr. de azúcar flor (azúcar glas o impalpable)
- 80 ml de leche (algo así como dos cucharadas)
- 1 cdta. de vainilla

Preparación:
Batir el azúcar con la mantequilla hasta que esté espumoso. El ideal es que la mantequilla esté a temperatura ambiente. Si le da lata esperar a que se ablande, unos segundos en el microondas a bajísima temperatura harán el mismo trabajo. Luego, añadir los huevos de a uno, batiendo cada vez hasta mezclar. Agregar la harina cernida, la leche y la vainilla, hasta lograr una mezcla homogénea. Esta masa no lleva más polvos de hornear que la que trae la harina. No hay que preocuparse, no necesita más. la idea no es que suban hasta el techo, sino que quedan algo planos por encima, lo que hace más fácil decorarlos después.
Precalentar el horno a 180º, que es cuando ponemos la llama al mínimo y la subimos solo un poco más que eso. Colocamos la mezcla con una cuchara en los moldecitos. El ideal es tener de esos moldes de papel especiales, facilitan mucho la tarea del desmoldado. Los míos son una chochera que mi marido me compró en Ikea. Son hermosos.


Se hornean durante unos 25 minutos, o hasta que estén doraditos y al meterles un palito, salga seco. Luego se ponen a enfriar en una rejilla (por supuesto ni yo ni casi nadie tiene la famosa rejilla de enfriamiento, pero una tabla de madera sirve igual). Cuando están fríos se decora los que han sobrevivido hasta este punto.


Para hacer la cobertura se mezclan todos los ingredientes y se se bate bien hasta que está homogéneo. Recuerda trabajar la mantequilla blanda, o vas a estar batiendo hasta mañana. Divide la mezcla en pocillos, y tiñela con anilina comestible. Los colores pastel (obvio) son los ideales para estos bocaditos de fanfarronería. Evita los tonos azules, a nadie le parece apetitoso lo azul. Luego solo pones la cobertura en una manga para decorar, o la esparces con un cuchillo sobre el quequito. Si tienes mostacillas de colores para ponerles encima, tanto mejor.
Finalmente, pon tu creación en un plato, sácale fotos y súbelas a facebook. Serás la sensación de tus amigos.