domingo, 22 de mayo de 2011

Cupcakes de vainilla

Hace algo de frío acá en Santiago. Llevé a mis hijos a la plaza un rato, para que no estuvieran viendo televisión todo el día. Agotada, como cada domingo en la tarde, me propongo empezar con la ardua y tediosa tarea de preparar las cosas para la semana: loncheras, tareas, mochilas, bolsos de gimnasia, lista de compras (sí, soy de las que compra los días lunes, por el 5% de descuento), bidón de parafina, etc.
En piloto automático firmo pruebas, guardo juguetes y trato de juntar pares de calcetines donde todos parecen estar huachos.
El otoño tiene esa cosa nostálgica que nos hace disfrutar de estar en la casa después de haber salido, aunque sea por un momento. En otoño disfrutamos más de hacer estas cosas, que en primavera no hacemos con tanta vehemencia.
Luego de sentir que llevo una eternidad pareando calcetines y siendo una buena madre, siento que puedo ser aún mejor si preparo algo rico para la colación, que sea sano (aunque tenga toneladas de mantequilla, pero al menos no lleva nada con nombres espantosos como maltodextrina, goma xanthrana, clorfenamina o qué sé yo) y que provoque en mí la fantasía de que mis hijos son la envidia de sus compañeros por llevar las colaciones más cool.
Reanimada, me siento con ganas de hacer algo nuevo, rico y algo chinchoso, tal vez vintage, con aires de Hello Kitty: cupcakes de vainilla. Un simple queque con una cubierta fantoche y desenfadada, con un nombre muy pretencioso, que suena a pastelería neoyorkina. Cupcake. Solo decirlo me hace sentir una pastelera prfesional.



Ingredientes, para unos 10 cupcakes grandecitos:
- 1 taza de azúcar
- 120 gr. de mantequilla
- 1 1/2 tazas de harina con polvos de hornear
- 2 huevos
1/2 taza de leche
- 1 cdta. de vainilla (ojalá extracto, no escencia)

Para la cobertura:
- 120 gr. de mantequilla
- 400 gr. de azúcar flor (azúcar glas o impalpable)
- 80 ml de leche (algo así como dos cucharadas)
- 1 cdta. de vainilla

Preparación:
Batir el azúcar con la mantequilla hasta que esté espumoso. El ideal es que la mantequilla esté a temperatura ambiente. Si le da lata esperar a que se ablande, unos segundos en el microondas a bajísima temperatura harán el mismo trabajo. Luego, añadir los huevos de a uno, batiendo cada vez hasta mezclar. Agregar la harina cernida, la leche y la vainilla, hasta lograr una mezcla homogénea. Esta masa no lleva más polvos de hornear que la que trae la harina. No hay que preocuparse, no necesita más. la idea no es que suban hasta el techo, sino que quedan algo planos por encima, lo que hace más fácil decorarlos después.
Precalentar el horno a 180º, que es cuando ponemos la llama al mínimo y la subimos solo un poco más que eso. Colocamos la mezcla con una cuchara en los moldecitos. El ideal es tener de esos moldes de papel especiales, facilitan mucho la tarea del desmoldado. Los míos son una chochera que mi marido me compró en Ikea. Son hermosos.


Se hornean durante unos 25 minutos, o hasta que estén doraditos y al meterles un palito, salga seco. Luego se ponen a enfriar en una rejilla (por supuesto ni yo ni casi nadie tiene la famosa rejilla de enfriamiento, pero una tabla de madera sirve igual). Cuando están fríos se decora los que han sobrevivido hasta este punto.


Para hacer la cobertura se mezclan todos los ingredientes y se se bate bien hasta que está homogéneo. Recuerda trabajar la mantequilla blanda, o vas a estar batiendo hasta mañana. Divide la mezcla en pocillos, y tiñela con anilina comestible. Los colores pastel (obvio) son los ideales para estos bocaditos de fanfarronería. Evita los tonos azules, a nadie le parece apetitoso lo azul. Luego solo pones la cobertura en una manga para decorar, o la esparces con un cuchillo sobre el quequito. Si tienes mostacillas de colores para ponerles encima, tanto mejor.
Finalmente, pon tu creación en un plato, sácale fotos y súbelas a facebook. Serás la sensación de tus amigos.


1 comentario:

  1. Excelente blog... excelente redacción, fotografías y por supuesto, excelentes recetas.

    Felicitaciones!

    Alberto

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